Cooperación como Estrategia de Género

Desde un punto de vista empresarial, la cooperación empresarial se esta convirtiendo en una estrategia de género en la lucha de las mujeres por convertir a sus empresas, en empresas de éxito en un entorno altamente competitivo.

El perfil de las empresarias en nuestro país se define fundamentalmente por ser empresas de pequeñas dimensiones, a las cuales se accede para desarrollar laboralmente unas capacidades profesionales, que el famoso “techo de cristal” impide en la gran empresa.

Por ello, las profesionales que deciden acceder al mundo empresarial para potenciar su carrera, lo hacen aplicando sus habilidades y destrezas en la consolidación de empresas que desarrollan productos y servicios muy delimitados por su anterior experiencia laboral.

Esto que a priori, es un elemento de éxito, por que se aporta el know how y la ilusión de una nueva aventura profesional, a medio plazo supone un freno en el desarrollo de una estrategia empresarial competitiva.

En ese momento del desarrollo empresarial, en el que la empresaria se replantea su situación en el mercado, la cooperación con otras empresas aparece como un elemento estratégico a valorar.

Lo primero que hay que plantearse es el porqué de la cooperación, que ante todo responde a estas cuestiones fundamentales:

  • la reducción de costes y riesgos en general y, en particular, en los nuevos proyectos de comercialización

  • mejorar y completar la gama de ofertas de la empresa

  • ampliar la red de distribución y, si ésta no existiera, crear una infraestructura básica

Es en el ámbito de la sinergia surgida de las  Asociaciones de Empresarias donde las mujeres encontramos empresas de nuestro mismo tamaño y con los mismos problemas de expansión comercial, que suponen un complemento a nuestra oferta empresarial además de una oportunidad de llegar a nuevos mercados.

Como ejemplos de los buenos resultados que para las empresas dirigidas por mujeres, puede tener la cooperación, señalaría tres fundamentales:

En un primer momento, la necesidad de consolidar una imagen de marca se puede rentabilizar en Ferias Comerciales compartiendo espacios e inversiones con otras empresarias, lo que puede suponer una experiencia altamente enriquecedora para ambas ya que se consiguen unos grandes resultados comerciales, con una mínima inversión y en menos tiempo del que se necesita en condiciones normales de mercado.

Esta experiencia puede ser un pistoletazo de salida en la aventura de la cooperación, y en una segunda fase se puede plantear la posibilidad de lanzar una nueva línea de productos o de servicios.

En este caso, la cooperación empresarial permite ofrecer un producto o servicio en el que se una la experiencia profesional de todas las implicadas, asumiendo una marca común y minimizando los riesgos de inversión.

El objetivo de esta cooperación empresarial que utiliza una marca común, es abrir nuevos mercados para lo cual es fundamental la suma de recursos y el hecho de compartir una estructura comercial común, rentabilizando la cartera de clientes de las empresas.

Y como ejemplo de la cooperación empresarial como arma defensiva la unión con otra empresa, puede surgir a la hora de enfrentarse ante una licitación pública o de una gran empresa bajo la forma de Acuerdo Temporal de Empresas, que permite a las empresas que se unan cumplir los requisitos exigidos en las licitaciones y competir con empresas más fuertes.

Llegado este punto, la pregunta sería si la experiencia es positiva, y la respuesta es rotundamente sí.

Quizás el nuevo modelo de gestión que las mujeres estamos imponiendo en el mercado, nos lleve a ser más receptivas ante estrategias empresariales en las cuales el componente humano y práctico nos permite utilizar mejor nuestros recursos con un alto grado de eficiencia y competitividad.

En este sentido, esta siendo fundamental el hecho de compartir espacios comunes donde nuestras inquietudes y expectativas empresariales se desarrollan en un ambiente cordial y de igualdad, en los cuales nos sentimos comprendidas pues nuestras experiencias son compartidas por otras empresarias y la realidad nos está dando la razón con el gran número de experiencias de cooperación que surgen en los foros empresariales femeninos.

Quizás no se está valorando adecuadamente este hecho desde el exterior, quizás porque la cooperación entre empresas de mujeres surge de forma espontánea y en la mayoría de los casos sin una forma jurídica propia, pero se está creando una base de relaciones empresariales importantes surgidas de las propias Asociaciones de Empresarias, que constituyen el mejor ejemplo del desarrollo de la cooperación entre empresas como una verdadera estrategia de género.

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