Amores de barra

harleyEn pleno agosto con la solana de la tarde, ella estaba aburrida y sola. Era de esas mujeres que no le gustaba lo que ofrecían las redes sociales, tan de moda en estos tiempos, para conocer gente. Pero el aburrimiento pudo más que su apatía. Decidió abrirse un perfil en una de esas aplicaciones de citas que tanta gente utilizaba a su alrededor.

Era curioso cómo según a quién preguntara, la respuesta podía llegar a ser tan diferente, lo que le dio una idea de lo separado que están las expectativas de las mujeres y los hombres cuando deciden exponerse públicamente en busca de ¿citas? ¿Relaciones esporádicas? ¿Relaciones estables?

Las mujeres con las que había hablado, normalmente buscaban una conversación, alguien que les dijera aquello que hasta entonces otros hombres no le habían dicho… y estaban dispuestas a creerse cualquier cosa, porque el anonimato de las redes le llevaba a soñar con el príncipe azul. Se lo llegaban a creer tanto, que aun cuando apenas los conocían… llegaban a creer que era el hombre definitivo y pasaban a modo celoso compulsivo como si ellas no estuvieran en esas aplicaciones buscando lo mismo que ellos.

Sin embargo, los hombres que le contaron su experiencia lo tenían muy claro… iban buscando sexo rápido y sin complicaciones, y con el perfil de algunos diría que era su oportunidad de conseguirlo sin pagar. Estaban dispuestos a decir cualquier cosa para convencer a la mujer al otro lado de la pantalla, de que era su hombre ideal y le diera una oportunidad para tomar un café o una copa… y de ahí a la cama, previo calentamiento de la situación con frases más o menos acertadas sobre cómo les ponía o las ganas que tenían de acariciarlas y besarlas.

Con este panorama decidió ser como ella era, pero no poner fotos para evitar encuentros incómodos con personas conocidas. Abrir un perfil en una de estas aplicaciones era relativamente fácil. Comenzó a contestar preguntas de todo tipo sobre su aspecto físico, opciones religiosas, si quería o no tener hijos o quería o no tener pareja con hijos… sin embargo la pregunta que más le costó fue la de cómo era físicamente. Ella que era de lo que ahora se denomina curvilínea, no sabía si poner algunos kilos de más o voluptuosa, recordó una vez que alguien le dijo que voluptuosa era cuando tenía algún kilo de más pero ponía pepino (fue un hombre claro está) y optó por esta opción.

Decidió afinar al describirse ella misma:

“no creo en estas cosas, pero hay que darle una oportunidad a todo…así que aquí estoy. Busco pasarlo bien, alguien que me rete intelectualmente, que esté buenorro y me haga reír… yo ofrezco lo mismo”

Pero claro… ahí no quedaba la cosa, había que decir que esperabas de una primera cita:

“No quiero perder el tiempo en conversaciones intrascendentes, en tonterías para vender la moto… como Loquillo quiero alguien feo, fuerte y formal… y a ser posible tan estupendo como él”

… bueno ella pensó… genio y figura hasta la sepultura, aunque alguien podría pensar que era poco sutil y algo borde.

Pero no… aquí vino lo bueno. En dos días más de 100 hombres querían conocerla ¡Sorpresa! Sin foto y siendo borde y aun así querían conocerla… pensó que tenían poco criterio o no sabían leer porque era imposible que entraran al trapo.

Pero la cosa fue a más, así que decidió elegir un par de ellos con pinta de canallas que seguramente tendrían las cosas más claras y que si te iban a vender una moto, sería la suya de gran cilindrada… en ambos sentidos claro!

Y se lanzó, le mandó un mensaje a uno de ellos y le preguntó si le apetecía tomar una cerveza esa noche. Fue fácil, casi sin conversación dijo que si  y ahí que fueron a pasar un buen rato, o eso pensó ella.

Error! Descubrió que no hay diferencias. El tal se llevó todo el tiempo hablando de él, de lo estupendo que era, de lo mal que lo había pasado con su mujer que se había separado de él dejándolo en la calle y él pagando hipoteca mientras otro tipo se había metido en su casa (posiblemente su mujer lo había conocido en internet) y se había convertido en el padre de su hijo, al que su mujer no le dejaba ver a pesar de pagar la pensión.

Él insistía: “las mujeres que solo queréis dinero y jodernos”… y toda la conversación fue sobre él, sólo él y sobre todo él.

Ante este panorama, ella decidió replegar velas y pasar de su yoismo. Curiosamente, él se mostró encantado y le dijo que le gustaba porque además de estar buena, estaba descubriendo que era una estupenda persona que sabía escuchar.

“Hasta ahí podíamos llegar”, pensó ella… y en ese momento le dio las gracias y le dijo que se tenía que ir, que al día siguiente se tenía que levantar temprano. Él le dio las gracias por escucharlo y hacerlo sentir tan bien, que había recuperado la confianza en el ser humano conociendo una mujer tan maravillosa … y que le encantaría quedar al día siguiente:

“¿te apetece que te invite a cenar en mi casa y así probamos si además somos compatibles en la cama?”

Ella le dijo que por supuesto que sí, y le dio un número de teléfono inexistente. Se marchó, y mientras caminaba hacia su casa, pasó por un bar de habituales, en la puerta estaba aparcando una Harley Davidson impresionante, y más impresionante era el morenazo que se bajó de ella.

Ella decidió entrar y pidió un dyc con poco hielo y mucho dyc… a su lado estaba el moreno motero con cuerpo de infarto, que se sonrío y le preguntó: “¿que hace una chica como tú en un sitio como éste?”

Ella se volvió en plan borde, pero al verlo le dijo: “buscando un chico como tú” …ambos se rieron y él le dijo “te invito a una copa” a lo que ella contestó “vale, la siguiente es mía”

Comenzó entre ellos un tonteo muy directo, hasta que él que se encontraba a gusto empezó a hablarle de su ex y sus problemas. Ella intuyendo una repetición de la jugada entró automáticamente en modo avión.

Cuando estaban terminando la segunda copa, él le dijo: “ me gusta hablar contigo, sabes escuchar y haces que crea de nuevo en las personas”

Ella le sonrió, se tomó el último sorbo y le dijo: “¿te vienes a mi casa? …eso sí, cuando termines te vas que a mí me gusta dormir sola”.

Y mientras iban a su casa, achuchándose y besándose apasionadamente, ella iba pensando “para que me vendan la moto, prefiero los amores de barra”.

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